La relación entre los espíritus del mal y el hombre, desde Adán y Eva, siempre ha existido guste o no a los laicistas de nuestros días y a algunos teólogos y biblistas de la última generación.
Lo que expone el autor no es el resultado de estudios hechos en el escritorio, sino de deducciones de una experiencia particular intensamente vivida y sufrida con y para una masa de enfermos afectados por el mal de lo oculto, a través del ministerio que se le ha confiado por su Obispo.
Un hilo único, delgado, pero perceptible, recorre todo el tratado desde la primera hasta la última página y se desarrolla a través de tres aspectos fundamentales:
-La visión bíblica de la existencia y de la obra nefasta de satanás en la historia de la humanidad.
-La descripción de la técnica con la que satanás actúa a través de los hombres sus colaboradores y los efectos devastadores que produce.
-La liberación de las influencias demoníacas a través de los maravillosos canales de Gracias, que Jesús nos ofrece por medio de la Iglesia.
El lector también podrá con la ayuda de este libro, entre otras cosas, tener ideas claras y descernimiento acerca de cómo opera Satanás, en qué consisten los maleficios, el mal de ojo, las presencias invisibles, los síntomas de las presencias maléficas, ruidos, efectos negativos sobre la salud, la aversión a lo sagrado, problemas económicos etc.
Inclusive los santos han sido, a través de los siglos, atormentados por el demonio, desde San Antonio Abad a la Madre Esperanza de Jesús. El beneplácito de algunos biblistas de hoy, que han descubierto que Satanás no existe, no hace falta, porque los hechos existen y son históricamente ciertos.