Los hombres viven sin temor ni cuidado de lo eterno, no saben lo que es el infierno y lo que es la Gloria, por eso se quedan apegados y obstinados en sus gustos perecederos como si fueran inmortales. No tiene el ser humano cosa más frágil y caduca que su vida, sus posesiones, sus heredades, sus riquezas, sus títulos... Compara la brevedad y mudanza de los bienes de esta vida con la inmutabilidad y eterna duración de los gozos de la otra. No es eterna esta vida que disfrutas, no es eterna la salud con la que ahora estás, ni son eternos tus entretenimientos, tus posesiones, ni aun aquellos en quienes confías, no son eternos los bienes en que te complaces. Mira en qué fías tu felicidad, mira en qué columna de bronce colocas tus esperanzas.