El examen de conciencia es un regalo para nuestra alma, una oportunidad para revisar y prestar oído a la Voz de Dios, para reconciliarnos con Él en el Sacramento de la Confesión y así obtener su Gracia.
El examen de conciencia se hace procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la Ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.
El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad, sin angustia; es un acto de amor y confianza a Dios.