Su amor a Jesús la llevó a practicar las más duras penitencias, estos tormentos y martirios iban a parar con los ayunos y abstinencias que practicó durante su vida. Cuando murió, el 24 de agosto de 1617, la fama de santidad y sus prodigios se extendieron por el mundo entero. El Papa Clemente IX la beatificó en 1668 y fue solemnemente canonizada en 1671 por el Papa Clemente X quien la declaró Patrona principal y universal, no solo de Lima y del Perú, sino de toda América, Filipinas e Indias.