Esta historia tuvo lugar en Alemania entre los años 1774–1824. La vida de Ana Catalina estuvo llena de sufrimientos. Tuvo las llagas de Cristo y sufrió como víctima por la salvación de los demás y por las almas del Purgatorio. Ella sentía la vocación de reparar ante Dios las ofensas de todos los hombres y asumía muchas veces los sufrimientos que otras personas debían soportar por sus enfermedades o pecados. Tuvo dones extraordinarios y muchas visiones sobrenaturales sobre la vida de Cristo y de María. Durante tres años continuos no se alimentó más que de la Comunión diaria. Y, durante muchos años, apenas comía unas cucharadas de caldo y un poco de agua, a pesar de estar sangrando frecuentemente de las llagas; lo que hace que su vida fuera un verdadero milagro permanente. Su don de bilocación fue en ella muy frecuente, yendo en espíritu a todas partes del mundo.
Podemos decir que su vida fue una historia de fe católica, vivida en plenitud.