Agradecido debe estar el cristiano, pues Dios le ha traído la Religión verdadera, por tantos y más argumentos que este libro propone. Esta Fe nos enseña el Salvador por Sí mismo. Y también argumento de que la Iglesia Católica es la verdadera es la gran santidad de muchos hombres y mujeres.
Cornelio A. Lápide escribió que solamente en Roma murieron más de trescientos mil mártires, y que al tiempo que él escribe (siglo XVI) más de once millones. Si los mártires son tantos, ¿cuántos no serán los otros, los confesores, las vírgenes que resplandecen con fulgor y santidad en la Religión Católica? ¿Cuántos santos hay en todo el mundo que brillaron en santidad y milagros?
Las sectas no enseñan vida tan santa para asemejarse al mismo Señor Jesucristo. No enseñan a sujetar la carne y sus apetitos, ni a refrenar las pasiones, ni a menospreciar el mundo y su vanidades.
Otro, de los tantos argumentos que expone esta obra, es la Apostolicidad o la sucesión continuada, desde que la instituyó Jesucristo y los Apóstoles. Por legítima elección todos han sucedido desde entonces hasta ahora. En cambio, de las sectas ninguno disfruta de la potestad de Orden para efectuar Sacramentos, y ninguno es Sacerdote, porque no gozan ni tienen la potestad derivada por sucesión apostólica.