Cuán gravemente dañoso y perjudicial es el perjurio, la maldición, la blasfemia, las injurias dichas contra Dios y sus Santos, y cuán jugada lleva la salvación y cierta su condenación en el Tribunal de Dios, el que acostumbra estos vicios. Pues, como dice San Buenaventura, tiene ofendidos al Juez, que es Cristo y a los Abogados que son los Santos, y en especial a la Reina del Cielo, la Virgen María, que es la común Abogada de todos los pecadores.
Si tienes Fe y sabes que hay otra vida después de esta inmortal y eterna, y que forzosamente has de ser presentado en el Tribunal de Cristo y juzgado según tus obras, abre los ojos y mira por ti, y pues camina al Cielo, toma el camino derecho, y prevente para el día de la cuenta. Apártate de este vicio, y ni jures ni maldigas ni te des a juegos desordenados ni a iras ni a venganzas ni a demasiadas codicias.
Refrena la lengua y refrenarás fácilmente toda mala inclinación de la carne. Acuérdate que siempre caminas a la muerte, y que el tiempo pasado nunca vuelve, procura las riquezas eternas, y deja las temporales. Atesora en el Cielo, cerca está el Reino de Dios, y más pronto de lo que piensas llegará. Por tanto mira cómo vives y ajústate en todo y por todo con la Voluntad de Dios.