Santificarás las fiestas. El culto y la reverencia que le debemos a Dios. Este Mandamiento es el último de los que pertenecen al honor de Dios, del cual fue tan celoso como hemos visto Cristo nuestro Redentor y Maestro, guardando las fiestas y honrando a su Padre con tanta puntualidad en esta como en las demás virtudes.
La Iglesia intenta que todo el día Domingo o de fiesta esté dedicado al culto de Dios y provecho del alma; solo para este culto manda por precepto el acto de oír Misa entera, porque en ella se encierran muchos Misterios con que Dios es honrado.
Dios para favorecernos con más especialidad escogió para Sí algunos días, dedicándolos a su culto, y los hizo días de fiesta, y estas nos manda que santifiquemos; y la Iglesia ha determinado que sea el Domingo, y otros, en que se celebran los principales Misterios de nuestra Fe, y las Festividades de Nuestra Señora, de los Apóstoles y otros Santos.
Debemos honrar y servir a Dios en lo exterior, como en lo interior; porque, como Dios es Espíritu, quiere ser reverenciado y servido con el espíritu, y, como nos dio también el cuerpo, quiere ser servido con el cuerpo; y en orden a esto mandó que hubiese ceremonias y sacrificios exteriores, con que le reverenciasen los hombres por Autor de la vida y de la muerte y Creador suyo, y que hubiese días señalados, uno y más a la semana, dedicados para su culto y adoración.
Mira la ofensa, la indignación de Dios y la pena que atesoras en el infierno cuando no guardas este precepto, como podrás leer en varios ejemplos de este libro. Guarda las fiestas y conseguirás ricos tesoros de bienes eternos.