Las experiencias personales de la autora nos ayudarán a conocer la verdad del Amor de Dios a través de la verdad del sufrimiento.
Es muy repetida la pedagogía divina que hace de la privación y el contratiempo el primer momento de la conversión. Algo tiene que romper la envoltura de la autosuficiencia y egoísmo que fácilmente acoraza al espíritu. El golpe del Señor a la puerta de la conciencia es una llamada de infinitos matices, personal y única para cada uno, que viene como una bendición, la cual, de una u otra forma adopta el símbolo y la realidad de la cruz.
El misterio del sufrimiento, que algunos ilusos pretenden desterrar de la existencia humana, tiene que ser visto y asumido dentro del misterio de la fe.
El valor salvífico del sufrimiento es incomprensible si no se lo mira a la Luz del Amor de Cristo. Su Cruz arroja un rayo de Luz sobre el sufrimiento. El dolor es una enseñanza del Amor de Dios Padre. La Cruz es fundamento y raíz de gozo del alma que se inmola con Cristo por amor. Cada hombre recibe de Dios una misión en este “camino de salvación”. Conociéndote como te conoce te ha elegido para que te unas a Él, en el holocausto de amor que es la Cruz.